Más allá del algoritmo: ¿Cuál es el propósito de nuestra profesión?

En la película The Boiler Room, Ben Affleck personifica una visión cruda del éxito: «No estamos aquí para ayudar, estamos aquí para hacernos ricos». Como analistas de datos y profesionales de la gestión, esta frase nos invita a una reflexión profunda: ¿Nuestra misión es descubrir valor real para el entorno o simplemente perfeccionar la extracción de rentas aprovechando la asimetría de información?

​El riesgo de la gestión «gamificada»

​A veces, la cultura corporativa —e incluso ciertos sectores de la función pública— cae en la trampa de los incentivos externos. Cuando el éxito se mide solo por indicadores materiales inmediatos o por cumplir reglas de un sistema «gamificado», corremos el riesgo de infantilizar nuestra conducta.

  • De la reacción a la intención: Si solo actuamos movidos por el premio o el castigo (el bono o la sanción), delegamos nuestra responsabilidad personal en el sistema.
  • La pérdida de autonomía: El liderazgo ético surge cuando recuperamos la capacidad de actuar por una intención propia y no por un estímulo diseñado por terceros.

​Regenerar la confianza como activo profesional

​La confianza es el tejido que sostiene tanto los mercados privados como las instituciones públicas. Sin embargo, esa confianza se erosiona cuando el profesional se percibe como un «mercenario» que solo busca el beneficio material inmediato.

​Para trascender este modelo, es necesario que el analista o el gestor se pregunte: «¿Mi trabajo está generando una utilidad genuina o solo estoy moviendo capital de un bolsillo a otro?». Esta búsqueda de propósito es la que diferencia una ocupación mecánica de una verdadera profesión.

​La tecnología nos ofrece herramientas de una potencia sin precedentes. El reto no es solo saber usarlas, sino tener la madurez para decidir hacia qué fin las orientamos. La responsabilidad personal no puede diluirse en la inmaterialidad de los datos.

¿Crees que el actual sistema de incentivos nos permite mantener el foco en nuestra intención original, o necesitamos rediseñar nuestra cultura profesional para poner la utilidad social por encima del beneficio inmediato?

Simon Sinek y la IA: entre fascinación y lucidez

El pódcast Diary of a CEO, dirigido por el empresario británico Steven Bartlett, se ha consolidado como una de las citas imprescindibles para explorar los retos culturales, sociales y tecnológicos de nuestro tiempo, a través de conversaciones en profundidad. Con más de 500 millones de visualizaciones en YouTube y varios millones de escuchas por episodio, se ha posicionado entre los más populares del Reino Unido y más allá.

Continuando mi reflexión sobre la inteligencia artificial, encontré un episodio reciente del pódcast (ver vídeo al final del artículo). Steven conversa con Simon Sinek, autor del best-seller Empieza con el porqué e inventor del famoso Golden Circle, sobre temas actuales, en particular el auge de la inteligencia artificial.
Más allá de la calidad y lo fascinante de esta entrevista, es una joya: una auténtica Master Class de Simon Sinek.

Una IA fascinante… e inquietante

Durante la primera hora de la entrevista, Simon Sinek comparte su visión sobre la IA. Aunque reconoce su potencial fascinante, expresa con claridad su preocupación por el impacto de la IA en nuestra vida cotidiana. Insiste: «Yo no estoy en el ámbito de la IA, estoy en el ámbito de la humanidad», abordando la cuestión desde un ángulo ético y social.

Sinek critica una sociedad obsesionada con los resultados, donde el rendimiento inmediato se convierte en la norma, algo que también se refleja en los usos de la IA. Sin embargo, no es el resultado sino el proceso lo que nos hace crecer y desarrollarnos. Esta reflexión se alinea con sus trabajos sobre liderazgo: la importancia de la intención, del sentido y del camino recorrido. La IA, al automatizar ciertas tareas, podría privarnos de esas etapas clave que construyen nuestras competencias humanas.

Los riesgos reales de una adopción irreflexiva de la IA

Sinek identifica varios riesgos importantes:

  • una erosión cognitiva, vinculada a la delegación excesiva de nuestro pensamiento;
  • una deshumanización del trabajo y de las relaciones;
  • una amenaza para los trabajadores del conocimiento («serán aplastados»), cuyas competencias corren el riesgo de ser reemplazadas.

Lo hecho a mano se vuelve más valioso

Frente a la abundancia de contenido generado por máquinas, lo hecho a mano cobra nuevo valor. Encierra esfuerzo, intención, imperfección y autenticidad. Sinek menciona aquí el concepto japonés de wabi-sabi, esa belleza de lo imperfecto y lo vivo, que podría inspirar una nueva ética del trabajo.

Veo aquí una gran oportunidad para implicar el visual thinking, basado en la creatividad humana, la colaboración y el trabajo manual, como palanca para rehumanizar la cultura laboral en las organizaciones. Y ello, sin dar la espalda a la IA.

Aquí abajo está la entrevista completa: