¿Está la IA generativa fragmentando la identidad visual de las organizaciones?

Nunca ha sido tan fácil crear una imagen. En cuestión de segundos, un equipo de marketing puede generar una ilustración para LinkedIn, un comercial puede crear un elemento visual para acompañar una presentación, un equipo de RR. HH. puede diseñar un cartel interno y un equipo de producto puede idear una serie de ilustraciones para su interfaz.

Donde antes era necesario recurrir a un diseñador gráfico, dominar un software complejo o disponer de competencias específicas, ahora bastan unas pocas palabras para obtener una imagen visualmente atractiva.

Se trata de una auténtica revolución que no deja de crecer. Esto plantea una pregunta: ¿qué ocurre con la identidad visual de una organización cuando ahora todo el mundo puede producir sus propias imágenes? Más allá del riesgo de sobreproducción, las organizaciones se enfrentan a un reto más profundo: crear sin compartir un lenguaje visual común.

Una revolución 

Uno de los cambios más importantes que ha traído consigo la IA generativa es la descentralización de la creación. Antes, la producción visual se concentraba en gran medida en manos de profesionales del diseño, agencias o unos pocos equipos especializados. Hoy en día, el poder de la creación se extiende por toda la organización.

Esta democratización es, en general, algo positivo, ya que permite una mayor experimentación y acelera los ciclos de creación. Pero si todo el mundo crea, todo el mundo corre también el riesgo de interpretar la marca a su manera.

El problema de que «todo el mundo cree con la IA»

Además del logotipo, una marca se reconoce por sus colores, sus tipografías, sus composiciones, sus ilustraciones, sus fotografías, pero sobre todo por una forma particular de representar a las personas, los objetos, las situaciones o las ideas.

Cuando varias personas producen imágenes con la IA sin unas normas comunes, esta gramática visual puede diluirse rápidamente. Un contenido adopta un estilo muy realista, otro una ilustración minimalista. Los colores varían. Las tipografías son imprecisas. Los personajes cambian de una imagen a otra.

Tomadas por separado, cada imagen puede parecer acertada, pero juntas cuentan una historia diferente: la de una marca que ya no sabe muy bien cómo es.

El problema se ve agravado por otra característica de la IA generativa: como en pocos segundos aparece un resultado sorprendente, podemos tener la sensación de haber tenido una buena idea. Paradójicamente, la herramienta que da a todo el mundo la sensación de ser creativo puede, por tanto, contribuir a un empobrecimiento de la creatividad, ya que la IA tiende a «uniformizar» lo que propone. Por no hablar de que, mientras que el diseño gráfico moderno sabe cómo utilizar el espacio, la IA suele tender a llenar la composición, a multiplicar los detalles y a dotar de significado a cada superficie.

¿Por qué la IA no entiende de forma espontánea una marca?

Se podría objetar que una empresa ya cuenta con una guía de estilo. Sí, pero una guía suele estar pensada para personas. Puede indicar que se utilice una estética «moderna», «acogedora», «atrevida» o «minimalista». Un diseñador con experiencia sabe interpretar estas palabras. Las contrapone al contexto, al público objetivo, al soporte, a la historia de la marca y a la intención del mensaje.

Una IA, por su parte, no tiene esa comprensión de forma espontánea. Una indicación puede describir un tema, una composición, un estilo o un ambiente. Pero no contiene necesariamente toda la sutileza de un sistema de marca. Para crear con coherencia, es necesario, por tanto, explicitar parte de lo que los diseñadores suelen saber interpretar.

Elaborar un código de conducta para crear con la IA

En este contexto, es lógico preguntarse cómo dotar a cada uno de la capacidad de crear, al tiempo que se mantiene una identidad colectiva y sin convertir a cada colaborador en diseñador gráfico. La primera respuesta pasa por unas reglas sencillas, comprensibles y reutilizables.

Una empresa puede, por ejemplo, definir un auténtico «código de conducta visual» para el uso de la IA. También se puede integrar un preámbulo de marca en los prompts. Esto permite recordar sistemáticamente los principios visuales esenciales: tono, paleta de colores, estilo de imagen, nivel de simplicidad, representación de las personas, tipos de composiciones que deben privilegiarse o evitarse.

Esta evolución cambia el papel de los diseñadores gráficos. Cuando la producción se vuelve más fácil, el valor se desplaza en parte de la ejecución hacia la dirección, la selección y la toma de decisiones.

El diseñador gráfico puede convertirse entonces en quien define el sistema, establece las referencias, diseña las plantillas, acompaña a los equipos y verifica la coherencia de las producciones.

Para profundizar

Si te enfrentas a este tipo de problemática en tu organización, no dudes en escribirme para hablar de ello y buscar soluciones juntos.