Lenguaje, cerebro y excelencia: el caso de Japón

Gráfico de Diego Dotta

La científica Lea Boroditsky sostiene que el lenguaje que hablamos afecta fuertemente nuestras capacidades cognitivas. Las técnicas de visual mapping constituyen un meta-lenguaje visual que busca combinar las habilidades de ambos hemisferios del cerebro para lograr una mayor eficacia del pensamiento, poder ser a la vez tanto analítico como creativo. Una habilidad clave en un mundo dónde la innovación y la capacidad de adaptación son cada vez más importantes.  

Aquí vamos en centrarnos en el idioma japonés y ver como favorece un pensamiento dónde ambos hemisferios del cerebro están involucrados de una manera optima, lo que podría ayudar a explicar la extraordinaria capacidad de invención y de adaptación de la cultura japonesa.

Dos mañeras de percibir el mundo

El hemisferio izquierdo, viene a ser algo como el cerebro “lógico”. Los centros del lado izquierdo del cerebro controlan, y están implicados en la facultad de reconocer, grupos de letras formando palabras, y grupos de palabras formando frases, tanto en lo que se refiere al habla, la escritura, la numeración, las matemáticas y la lógica, como a las facultades necesarias para transformar un conjunto de informaciones en palabras, gestos y pensamientos.

El hemisferio derecho tiene una forma de elaborar y procesar la información distinta de la forma del hemisferio izquierdo. Es un hemisferio integrador, centro de las facultades viso-espaciales no verbales, especializado en sensaciones, sentimientos y habilidades espaciales; habilidades visuales y sonoras no del lenguaje como las artísticas y musicales. Concibe las situaciones y las estrategias del pensamiento de una forma total.

El ejemplo japonés

Lucien Israël, científico y cancerólogo francés, ha escrito un libro sobre hemisferios cerebrales y civilizaciones ( Lucien Israël Cerveau droit Cerveau gauche Culture et civilisation, Plon 1995 ). He traducido aquí un extracto que habla del vínculo entre la excelencia japonesa, los hemisferios cerebrales y el lenguaje.

La cultura japonesa ofrece particularidades muy interesantes. Japón es el único país del mundo que utiliza un doble sistema de escritura. En una misma frase, el japonés asocia, en efecto, un sistema digital, convencional, el Iragana, y el sistema analógico de Kanji chino. El Iragana es una escritura silábica : fonemas combinados forman palabras que son reconocidas por convenio. El Kanji son ideogramas que tienen un significado por analogía con el dibujo que los compone, ellos representan, bajo una forma muy estilizada, aspectos de la realidad. El carácter “hombre” por ejemplo figura el dibujo diagramático de un hombre de pie. En un único carácter, el Kanji expresa un concepto así como sus numerosos sentidos derivados. Es el contexto que permitirá entender el sentido preciso asignado por el autor.

Esta particularidad firma una cultura que está a caballo de las dos tendencias del cerebro. Ha permitido a los japoneses asimilar y controlar en poco tiempo la ciencia, la tecnología y la economía, en el punto de ser hoy líderes mundiales de todos estos sectores.

Una razón más para aprender a hablar varios idiomas y porqué no el lenguaje visual?

Cómo se elaboran los mapas de ruta en el cerebro

¿Por qué los taxistas pueden recordar tantas rutas? ¿Qué pasa en el cerebro de estos conductores para que su memoria sea tan descomunal? Parece que el origen de su capacidad se encuentra en que la conducción estimula las neuronas de determinadas zonas cerebrales relacionadas con la memoria y el aprendizaje, según un estudio publicado en ‘Nature’. Sus autores afirman que estos resultados ofrecen nuevas oportunidades para investigar en el tratamiento de trastornos como la enfermedad de Alzheimer. Son tres los tipos de células que están implicadas en la elaboración de callejeros mentales. Unas se ocupan de toda la información referente al lugar, otras de la visión y las terceras de las metas a conseguir. De tal manera, que cuando le pedimos a un taxista que nos lleve a un sitio determinado, las neuronas de su cerebro se activan para localizar el lugar, hacer un plan mental para conseguir llegar hasta él y reconocerlo una vez llegado al destino.

“Nuestros resultados ofrecen el primer destello del código neurológico que utilizan los humanos para formar mapas espaciales de su entorno y navegar de una localización a otra”, explica el doctor Itzhak Fied, profesor de neurocirugía y psiquiatría de la Facultad de Medicina de UCLA (Estados Unidos) y otro de los autores de la investigación. “Un daño en este grupo de células puede originar la pérdida de la capacidad de la persona para negociar con su entorno y recordar nuevos lugares”, añade.

En investigaciones anteriores se había comprobado que los taxistas londinenses presentaban un mayor hipocampo, zona cerebral relacionada con el aprendizaje, que otras personas. Además, se comprobó que cuanto más tiempo pasaban al volante, mayor era su materia gris.

Ahora lo que han logrado los científicos de las Universidades de Brandeis y UCLA, tras evaluar a siete personas mientras conducían un taxi ‘virtual’, es averiguar qué zonas del cerebro están implicadas en la elaboración de los mapas del entorno.

UNA CIUDAD VIRTUAL

Como parte del juego, los participantes condujeron por una ciudad virtual, buscando pasajeros que aparecían aleatoriamente en zonas distintas y llevándolos a sitios designados. Mientras hacían esto, los investigadores midieron a través de electrodos la actividad de algunas neuronas en determinadas áreas de sus cerebros.

De esta manera, identificaron las células que ayudan a las personas a saber dónde están (lugar); qué están mirando (visión); y cómo llegar a lugar deseado (finalidad). Los investigadores detectaron que las neuronas del ‘lugar’ se encuentran principalmente en el hipocampo y las de la ‘visión’ están fundamentalmente en la región parahipocampal.

“Nuestro estudio muestra cómo las células del cerebro humano aprenden rápidamente características complejas de nuestro entorno. Uno de los descubrimientos más fascinante fue que algunas neuronas de los lóbulos temporal y frontal reaccionaron a combinaciones de ‘lugar’, ‘visión’ y ‘finalidad’ “, explica el Dr. Michael Kahana, de la Universidad de Brandeis.

“Nuestro sistema de navegación conserva algunos de los elementos que emplean otros mamíferos para desarrollar actividades similares, aunque algunos rasgos son únicos porque nuestros órganos de la visión están altamente desarrollados”, comenta Arne Ekstrom, principal autor del estudio.

Investigaciones previas con roedores habían identificado células de ‘lugares’ en el hipocampo de estos animales, hasta ahora quizá el más llamativo ejemplo de correlación entre la actividad neuronal y un comportamiento complejo en mamíferos.

Hasta ahora no permanecía claro si lo que ocurría en roedores pasaba también en las personas, o si la navegación humana se conduce por un mecanismo neurológico distinto basado en la visión. Este estudio muestra que las células del ‘lugar’ son de hecho importantes pero también lo son otras que codifican marcas (celulas ‘visuales’) y metas (‘finalidad’).

Quizá estos resultados sirvan para motivar a las muchas personas que todavía no cuentan con un carnet de conducir. Así, sabiendo que sus neuronas se activarán más y que su memoria y aprendizajen se desarrollarán, quizá se animen a pasar por la autoescuela.